Oración A Los Pies De Jesús

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A lo largo de todas las letras plasmadas en la Biblia es muy frecuente encontrar hombres y mujeres que se humillan cuando están ante los pies del Señor, por diferentes motivos y con desenlaces diferentes.

Cuando el hijo de Dios, Jesús resucitó de entre los muertos, dijo las siguientes palabras a sus discípulos: “Mirad mis manos y mis pies”

Esto hace referencia a la costumbre de arrodillarnos ante la presencia del Señor, costumbre que en los tiempos actuales ha sido olvidada y dejada de lado. Por esta razón te invitamos a practicar esta oración arrodillado para mostrar tu devoción a Dios.

Oración para Jesús

Oh Jesús de mi alma, encanto único de mi corazón!,

heme aquí postrado a tus plantas, arrepentido y confuso,

cómo llegó el hijo pródigo a la casa de su padre.

Cansado de todo, sólo a ti quiero, sólo a Ti busco,

sólo en ti hallo mi bien. Tú, que fuiste en busca de la

Samaritana; tú, que me llamaste cuando huía de ti,

no me arrojarás de tu presencia ahora que te busco.

 

Señor, estoy triste, bien lo sabes, y nada me alegra;

el mundo me parece un desierto. Me hallo en oscuridad,

turbado y lleno de temor e inquietudes…; te busco y

no te encuentro, te llamo y no respondes, te adoro,

clamo a ti y se acrecienta mi dolor. ¿Dónde estás, Señor,

dónde, pues no gusto las dulzuras de tu presencia, de tu amor?

 

Pero no me cansaré, ni el desaliento cambiará el afecto que

me impulsa hacia ti. ˇOh buen Jesús! Ahora que te busco y

no te encuentro recordaré el tiempo en que Tú me llamabas

y yo huía… Y firme y sereno, a despecho de las tentaciones y

del pesar, te amaré y esperaré en ti.

 

Jesús bueno, dulce y regalado padre y amigo incomparable,

cuando el dolor ofusque mi corazón, cuando los hombres me

abandonen, cuando el tedio me persiga y la desesperación clave su

garra en mí, al pie del Sagrario, cárcel donde el amor te tiene

prisionero, aquí y sólo aquí buscaré fuerza para luchar y vencer.

 

No temas que te abandone, cuando más me huyas, más te

llamaré y verteré tantas lágrimas que, al fin, vendrás… Sí…,

vendrás, y al posarte, disfrutaré en la tierra las delicias del cielo.

Dame tu ayuda para cumplir lo que te ofrezco; sin Ti nada soy,

nada puedo, nada valgo… Fortaléceme, y desafiaré las tempestades.

 

Jesús, mío, dame humildad, paciencia y gratitud, amor…, amor,

porque si te amo de veras, todas las virtudes vendrán en pos del amor.

Te ruego por los que amo… Tú los conoces, Tú sabes las necesidades

que tienen; socórrelos con generosidad. Acuérdate de los pobres, de

los tristes, de los huérfanos, consuela a los que padecen, fortalece a

los débiles, conmueve a los pecadores para que no te ofendan y lloren

sus extravíos. Ampara a todos tus hijos, Señor, más tierno que una madre.

 

Y a mí, que te acompaño cuando te abandonan otros, porque he oído la

voz de la gracia; a mí, que no te amo por el cielo, ni por el infierno te temo;

a mí, que sólo busco tu gloria y estoy recompensado con la dicha de

amarte, auméntame este amor y dadme fortaleza para luchar y obtener

el apetecido triunfo.

 

Adiós, Jesús de mi alma salgo de tu presencia, pero te dejo mi corazón;

en medio del bullicio del mundo estaré pensando en Ti, y a cada respiración,

entiende. oh Jesús, que deseo ser tuyo.

Amén.

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