Sed Santos, Pues A Dios

Una misión que Dios espera que cualquier seguidor suyo cumpla es convertirse en alguien santo, pero ¿Por qué Dios quiere nuestra santidad? La respuesta a esta pregunta es sencilla, porque Él nos creo a su imagen y semejanza, por lo tanto, Él al ser santo, también debemos nosotros ser santos.

Sin embargo, nosotros como pueblo de Dios ¿Estamos preparados para la santidad?

Antes de responder debemos entender que el ser santos implica llevar una vida cristiana en plenitud, con una caridad perfecta, así como también realizando una unión espiritual intima con Cristo.

Por lo tanto, si, todos estamos preparados desde que nacemos para convertirnos en Santos, pero para lograrlo es necesario nuestra total determinación.

Poema para Dios

Señor, Tú nos quieres santos,

ayúdanos a lograrlo.

¡Son tantas las influencias

que se presentan a diario!

 

El mundo con su atractivo

trata siempre de apartarnos;

No permitas que nos toque,

enséñanos a cuidarnos.

 

Danos la sabiduría

que todos necesitamos

para poder discernir

entre lo bueno y lo malo.

 

La carne con sus sentidos

trata también de atraparnos,

tal parece que se olvida

que estamos crucificados.

 

Como Tú bien nos conoces

y nada pasas por alto

fue por eso que enviaste

al buen Espíritu Santo.

 

Ese gran Ayudador

que quiere siempre guiarnos;

nos ayuda en la oración

para que estemos velando.

 

Si en espíritu vivimos

y si en espíritu andamos,

no tenemos que temer

caminaremos triunfando.

 

Todo eso lo hace El

nosotros solo nos damos

en un sacrificio vivo

para poder agradarlo.

 

Reconozco, mi Señor

que eres Rey y soberano

sin tu ayuda, mi buen Dios,

nunca podremos lograrlo.

 

Abre los ojos, Señor,

despierta a tu pueblo amado;

hazle saber de una vez

que todo está preparado.

 

Cuando la trompeta suene

y Tú vengas a buscarnos

contigo solo se irán

los que se encuentren velando;

esos que se han mantenido

siempre fieles al Amado

guardando con mucho celo

un corazón puro y santo.

 

Porque Tú eres santo, Dios

y Celoso te has llamado;

hoy nos quieres advertir:

“¡Sed santos, pues YO soy santo!”

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