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† Poema Ciudad Soñada al Señor

Todo lo que nos rodea, lo que está a nuestro alrededor, es decir, la vida misma es producto de la obra de Dios, mientras caminamos y nos dé dejamos enamorar por la luz de cada sitio mientras observamos cómo se siente la vida en cada espacio. Es en esos momentos cuando sentimos la presencia del Señor, sin embargo, esta mezcla de emociones no siempre puede ser descrita o expresada al Soberano por lo cual debemos emplear otros medios.

Uno de estos son los poemas, ya que ciertos individuos no cuentan con la suficiente confianza para expresarse a través de los rezos, por lo cual plasman su adoración al Altísimo en versos.

Poema para Dios

Cuando, Señor, me beses con tu beso

final —el de mi muerte—, sea llave

tu beso de esa luz que aquí he soñado

más allá de mí misma y de los hombres.

 

Pise yo avenidas de hermosura

y jardines sin odio ni tristeza.

Vague mi alma dichosa por el reino

donde todo revela su secreto.

 

¡ No haya sombras allí ni crueles máscaras

que oculten la verdad de cada vida!

(¡Oh belleza real y no apariencia!

¡Oh la pura unidad integradora!)

 

¡No haya muros allí! ¡El cielo claro

sea arena sin cuerpo que sustente

esa bella ciudad que no es del mundo!

¡No haya torres, Señor! ¡Tan sólo el aire!

 

(¿La has creado, mi Dios, en tus esferas?

¿Es la nube colmada de tu lluvia?

¿O es relámpago breve que entreveo

en un sueño de amor y de esperanza?)

 

Con tu beso final cruce la puerta

de esa inmensa ciudad que te rodea.

¡Vea yo, sin mis ojos, la armonía

que he buscado en la tierra inútilmente!

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